A 50 años del fallecimiento del botánico Carlos Muñoz Pizarro
Carlos Muñoz Pizarro, ingeniero agrónomo chileno, fue el continuador de una trayectoria botánica que, en Chile por entonces, ya tenía más de un siglo. Su trabajo en el Herbario del Museo Nacional de Historia Natural se inicia a partir de las colectas de naturalistas, en su mayoría europeos, que en el siglo XIX habían recorrido nuestra geografía y depositado sus colecciones en Chile, tales como C. Bertero, C. Gay, R. A. y F. Philippi, C. Reiche y E. Poeppig, por nombrar algunos.
Estas colecciones, depositadas en el Museo, fueron adecuadamente montadas para su estudio y así reconocidas internacionalmente, gracias al esfuerzo del profesor Muñoz, quien había adquirido dicho conocimiento como becario para estudiar en el Gray Herbarium de Harvard University y en el Smithsonian Institution, en Washington D. C., Estados Unidos.
Aunque su labor en el Museo fue casi siempre ad honorem, logró el apoyo de instituciones gubernamentales y privadas para modernizar el Herbario, y realizó, junto a un grupo de ingenieros agrónomos, recolecciones de plantas nativas a lo largo de Chile, aumentando considerablemente el número de ejemplares del herbario.
Organizó expediciones internacionales, como aquella a la laguna de San Rafael en 1959, donde participó el palinólogo de la Universidad de Nueva York, Calvin J. Heusser, su colaborador desde entonces. Una segunda expedición internacional tuvo lugar en las islas Juan Fernández en 1965.
También se desempeñó como director de distintos departamentos en los ministerios de Tierras y Colonización y de Agricultura; entre ellos, director de Investigaciones Agrícolas y director subrogante de Agricultura y Pesca, donde contribuyó a importantes avances en tecnología agrícola, entre los cuales destacan el control biológico de malezas y el uso de herbicidas naturales.
Fue miembro de sociedades científicas nacionales e internacionales: Sociedad Agronómica de Chile; Sociedad Chilena de Historia Natural; Sociedad Chilena de Botánica, y vicepresidente del Comité Latinoamericano de Parques Nacionales (CLAPN), dependiente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con sede en Suiza.
Promovió la creación de una red de parques nacionales y reservas forestales en Chile y fue el primer botánico en llamar la atención sobre el peligro de extinción de muchas especies de la flora chilena (Chile: plantas en extinción, 1973).
Fue un defensor activo de la conservación de los recursos naturales renovables y de la belleza escénica de Chile. Asimismo, fue el primero en destacar el extraordinario fenómeno de la floración del desierto, por lo que se le considera el «Padre del Desierto Florido».
Como profesor universitario, constantemente animó a las generaciones más jóvenes a unirse a este esfuerzo. Promovió la creación de la primera Escuela Forestal de la Universidad de Chile y enseñó botánica durante casi 40 años en las escuelas de Agronomía, Silvicultura y Arquitectura de dicha casa de estudios.
Se hizo acreedor de numerosos premios en reconocimiento a su labor botánica: Premio «Al Mérito Agrícola» (1961); Premio «Al Mejor Investigador» (1966); Premio de Ciencias «Juan Ignacio Molina» (1967). Ese mismo año fue designado académico de número de la Academia de Ciencias del Instituto de Chile. En 1973 obtuvo la «Medalla Agrícola Interamericana» y en 1974 fue designado «Caballero de la Orden del Arca de Oro del Reino de los Países Bajos».
Su extensa investigación generó un número considerable de publicaciones, entre ellas los libros Índice bibliográfico de las gramíneas chilenas (1941), Sinopsis de la flora chilena (1959 y 1966), Especies de plantas descritas por R. A. Philippi en el siglo XIX (1960), Flores silvestres de Chile (1966) y Chile: plantas en extinción (1973), consideradas obras fundamentales para el conocimiento de la flora chilena.
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Su libro Flores silvestres de Chile proponía una flor símbolo para cada región del país. Con motivo de la visita de la Reina Isabel II a Chile, en noviembre de 1968, se le hizo entrega de esta obra durante una ceremonia en el cerro Santa Lucía.
El profesor Muñoz describió ocho nuevas especies para la flora chilena y ha sido distinguido con diversas especies nombradas en su honor, tales como Valeriana munozii, Gamochaeta munnozii, Senecio munnozii, Griselinia carlomunozii y Schizanthus carlomunozii.
Falleció el 12 de mayo de 1976 en el Jardín Botánico de Nueva York, mientras dictaba una charla sobre las especies chilenas en peligro de extinción.
Se incluyen fotografías de Carlos Muñoz Pizarro que representan su dedicación a la botánica chilena, tanto en actividades de terreno como en su labor docente y científica. Estas imágenes se restauraron y colorizaron digitalmente mediante inteligencia artificial (IA).