Nota Área de Zoología:

La larga historia de una nueva especie de pulga de mar (tercera parte y final)

Aspecto general de la hembra de la nueva especie Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020.

Aspecto general de la hembra de la nueva especie Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020.

Aspecto general de la hembra de la nueva especie Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020.

Jorge Pérez-Schultheiss, curador del Área de Zoología de Invertebrados, nos cuenta el desenlace de la apasionante saga del descubrimiento de una pulga de mar.

19/10/2020

Fuente: Museo Nacional de Historia Natural

En el océano abierto, las especies de un suborden completo de anfípodos (suborden Hyperiidea), desarrollan su vida como comensales dentro del cuerpo gelatinoso de medusas, salpas y otros animales pelágicos, que flotan en un hábitat formado solo de agua. Mientras, en el fondo marino, dispersos entre las rocas, las algas, o escondidos entre los sedimentos, esponjas, actinias, estrellas de mar, erizos y un sinnúmero de otros organismos bentónicos, frecuentemente suelen llevar sobre sus cuerpos, un cargamento de pequeños crustáceos inquilinos de diferentes familias, todos ellos muy bien adaptados a este estilo de vida sedentario.

Nuestro hallazgo en el muelle de Carelmapu en 2004, y el descubrimiento de Luis en 2018, en Quellón, no son en absoluto hechos aislados. Son muchas las especies de anfípodos que presentan hábitos comensales y aprovechan la protección y la comida fácil que pueden obtener de sus hospederos; es solo que su pequeño tamaño y sus habilidades miméticas hacen difícil descubrirlos a simple vista.

Antes del arribo de las muestras de Quellón, habían sido años de observaciones esporádicas sobre los viejos ejemplares del anfípodo anónimo (véase la parte 2). Pero ahora, al fin estábamos dando pasos concretos para llegar a determinar finalmente en que posición del árbol de la vida de los anfípodos, y concretamente de los de la tribu Ischyrocerini, se ubicaba esta especie desconocida. Esa información, sería crucial para poder darle un nombre científico.

Todo indicaba que las relaciones más estrechas se daban con el género sudafricano Isaeopsis, que incluye al otro anfípodo de la tribu Ischyrocerini con pereópodos prensiles y hábitos comensales sobre crustáceos decápodos. Pero para confirmar esta suposición, se requería de evidencia concreta, y eso significa, un laborioso estudio de cada uno de los apéndices del cuerpo del animal.

El cuerpo de un anfípodo está formado por 14 segmentos visibles y cada uno de ellos lleva al menos un par de apéndices, que son tan variables en forma y tamaño, como las funciones que cumplen (Figura 1). Estas diferencias, en conjunto enriquecen enormemente la morfología del anfípodo y producen una infinidad de detalles susceptibles de análisis, todos ellos con el potencial de transformarse en un carácter taxonómico. Pero la selección de estos caracteres, dependerá de la detección de patrones morfológicos, a través de la comparación cuidadosa de los ejemplares con lo que ya se conoce para las especies cercanamente emparentadas. Si bien la morfología presenta ciertas complicaciones que hay que tener en cuenta a la hora de diferenciar especies, continúa siendo una fuente de evidencia fiable.

Figura 1: Esquema de la morfología básica de un anfípodo, mostrando la mayor parte de los apéndices. Se pueden ver los 14 segmentos del cuerpo, divididos en regiones corporales que se diferencian por distintos colores. Basado en Barnard & Karaman (1991) y modificado por Al-Yamani et al. (2019).

Figura 1: Esquema de la morfología básica de un anfípodo, mostrando la mayor parte de los apéndices. Se pueden ver los 14 segmentos del cuerpo, divididos en regiones corporales que se diferencian por distintos colores. Basado en Barnard & Karaman (1991) y modificado por Al-Yamani et al. (2019).

Figura 1: Esquema de la morfología básica de un anfípodo, mostrando la mayor parte de los apéndices. Se pueden ver los 14 segmentos del cuerpo, divididos en regiones corporales que se diferencian por distintos colores. Basado en Barnard & Karaman (1991) y modificado por Al-Yamani et al. (2019).

Para esta tarea, llegado el momento, debíamos seleccionar un ejemplar promedio, bien desarrollado, con todos sus apéndices intactos y que se haya conservado en una posición relajada y extendida, para realizar una disección completa. Sobre nuestra mesa de trabajo, estaban dispuestos todos los materiales e instrumental necesarios para la larga intervención, en que pondríamos a prueba la motricidad fina tantas veces entrenada, para separar del cuerpo del individuo seleccionado, cada uno de los apéndices y montarlos en un portaobjetos de vidrio que nos permita su estudio microscópico detallado.

A través de una lupa binocular, debíamos cortar con precisión quirúrgica cada apéndice. En casos como este, un bisturí se hace gigante, y debe ser reemplazado por una improvisada aguja de disección, construida con una pequeña jeringa para insulina (véase la figura 1 de la parte 2). Este instrumento casero, funciona como el mejor bisturí, al usar la punta en bisel para pinchar y cortar con precisión micrométrica la cutícula y la musculatura del anfípodo.

Como siempre, la operación se inició en la cuarta patita torácica, pues es la que se encuentra más expuesta. Con un pinchazo tras otro, fuimos cortando la cutícula, siguiendo la línea de articulación del apéndice, que poco a poco comenzó a desprenderse, dejando expuesta parte de su musculatura, que luego sería seccionada con un movimiento lateral de la aguja. Entonces, bastaría una pequeña tracción para que la patita se desprenda completamente y pueda ser trasferida con la ayuda de una pinza, a la gota de glicerina sobre el portaobjetos.

Este proceso fue repetido con cada uno de los apéndices ubicados hacia adelante, y luego hacia atrás en el cuerpo. Al terminar, tendríamos un completo set de portaobjetos, con al menos 23 apéndices disecados. Excepto por algunas estructuras impares, como los labios o el telson, todos los demás apéndices fueron extraídos solo por un lado del anfípodo, dejando un set completo de ellos intactos por el otro lado del cuerpo.

Con todos los apéndices disecados y correctamente montados, ya podíamos pasar desde la lupa binocular al microscopio, para aumentar la resolución del análisis. Ahora observaríamos con lujo de detalles la forma y disposición de pequeñas setas, y podríamos detectar una serie de características especiales de la morfología, que hasta ese momento habían permanecido ocultos a la vista. Fue así como corroboramos detalles microscópicos interesantes que habían revelado las fotos de Luis, pero que todavía no podíamos confirmar en nuestros ejemplares, como la fila de dientecillos apretados en el extremo de una de las ramas del urópodo 3 (Figura 2, letra A), o la presencia de dientecillos microscópicos en la cara dorsal de las uñas de los pereópodos (Figura 2, letra B).

Figura 2: A: vista lateral del urosoma (la cola del anfípodo), mostrando el urópodo 3 y un detalle de los dientecillos en el extremo de sus ramas. B: pereópodo 6, mostrando la estructura prensil y un detalle del dáctilo dentado dorsalmente. C: mandíbula, mostrando la forma ancha del palpo mandibular.

Figura 2: A: vista lateral del urosoma (la cola del anfípodo), mostrando el urópodo 3 y un detalle de los dientecillos en el extremo de sus ramas. B: pereópodo 6, mostrando la estructura prensil y un detalle del dáctilo dentado dorsalmente. C: mandíbula, mostrando la forma ancha del palpo mandibular.

Figura 2: A: vista lateral del urosoma (la cola del anfípodo), mostrando el urópodo 3 y un detalle de los dientecillos en el extremo de sus ramas. B: pereópodo 6, mostrando la estructura prensil y un detalle del dáctilo dentado dorsalmente. C: mandíbula, mostrando la forma ancha del palpo mandibular.

Otros detalles, como la forma del palpo de la mandíbula (Figura 2, letra C), o la estructura de la coxa 4 en comparación con las demás coxas, finalmente nos convencieron de que los animales anónimos compartían caracteres cruciales con Isaeopsis, y eran más similares entre sí que con cualquier otro Ischyrocerini. Ya no había dudas de que formaban parte del mismo género, y que al mismo tiempo, nuestros ejemplares mostraban diferencias importantes con Isaeopsis tenax, la única especie conocida hasta ese momento.

Ahora podíamos estar seguros de que teníamos en nuestras manos una nueva especie para la ciencia, y de acuerdo al artículo 5° del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica (http://www.sam.mncn.csic.es/codigo.pdf), ya conocíamos la primera parte de su nombre. El nombre científico de una especie está compuesto por dos palabras de origen latín o griego, la primera de ellas correspondiente al nombre del género al que pertenece la especie, y la segunda al nombre específico, que permite diferenciar al animal de todos los otros que se reúnen con él en el grupo al que pertenece. Esta combinación de dos palabras funciona de manera similar a nuestros nombres y apellidos, que no solo permiten individualizarnos, sino que también entregan información sobre nuestro origen.

Ya teníamos el nombre genérico: Isaeopsis; solo faltaba definir el segundo nombre del binomio, una de las etapas que personalmente me resulta más difícil. Son tantas las posibles alternativas y tan variados los criterios para hacer una elección, que generalmente prefiero optar por la opción más sencilla, evitando los nombres rimbombantes o excesivamente mediáticos. Haciendo un gran esfuerzo creativo, la decisión fue denominar la especie en alusión a la zona geográfica donde habita. Finalmente, nuestro anfípodo, que permaneció por tanto tiempo en el anonimato, recibiría el nombre de "Isaeopsis chiloensis", pues había sido observado únicamente en los alrededores de la Isla Grande de Chiloé, al inicio de la zona en que la costa chilena se disgrega en cientos de islas. Ahora solo faltaba describir la nueva especie y lograr que esta descripción fuese aceptada para su publicación en una revista científica, el requisito fundamental según el código.

La revista científica seleccionada para dar a conocer el hallazgo fue la "megajournal" Zootaxa, una de las pocas de alcance mundial que continua publicando trabajos de taxonomía alfa, tan poco apetecibles para la mayor parte de las revistas de "corriente principal". Luego de algunos meses redactando el texto en inglés y preparando las láminas que ilustrarían la descripción, presentamos el manuscrito al editor, quien se encargó de hacerlo revisar críticamente por varios árbitros especialistas en anfípodos. Afortunadamente, salvo por pequeños detalles, logramos convencerlos a todos ellos de que la evidencia aportada justifica el reconocimiento de Isaeopsis chilensis como una especie no descrita. La aceptación final del trabajo ocurrió el lunes 7 de septiembre de este año, solo faltaban pequeñas correcciones puntuales para la publicación.

Ese día finalmente llegó el 15 de octubre, exactamente 15 años y nueve meses después de que descubriéramos los primeros ejemplares en el muelle de Carelmapu. Con la aparición del artículo publicado en el sitio web de Zootaxa (https://www.mapress.com/j/zt/article/view/zootaxa.4861.1.7), finalmente habíamos cumplido con el requisito fundamental que daría existencia formal a Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020, como una nueva especie de anfípodo endémico de Chile.

Pero para Isaeopsis chiloensis esto es solo el inicio; el acto nomenclatural que valida su nombre es una primera etapa, que abre una serie de posibilidades de investigación. Hasta ahora solo conocemos su posición taxonómica y algunos aspectos básicos de su biología (que vive sobre dos especies de jaibas, por ejemplo), pero ¿Qué nuevas sorpresas esconderá Isaeopsis chiloensis? Aun conocemos muy poco de ella, pues recién hemos dado el primer paso.

Referencia

Pérez-Schultheiss, J. & L. M. Pardo. A new species of crab-associated amphipod of the genus Isaeopsis Barnard, 1916 (Amphipoda: Senticaudata: Ischyroceridae) from southern Chile. Zootaxa, 4861(1): 107-119. https://www.researchgate.net/publication/344661561_A_new_crab-associated_amphipod_of_the_genus_Isaeopsis_Barnard_1916_Amphipoda_Senticaudata_Ischyroceridae_from_southern_Chile

Figura 3: Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020, macho en vista lateral. Nótese los pereópodos prensiles, con las uñas (dáctilos) vueltos hacia atrás y cerrando sobre el segmento anterior.

Figura 3: Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020, macho en vista lateral. Nótese los pereópodos prensiles, con las uñas (dáctilos) vueltos hacia atrás y cerrando sobre el segmento anterior.

Figura 3: Isaeopsis chiloensis Pérez-Schultheiss & Pardo, 2020, macho en vista lateral. Nótese los pereópodos prensiles, con las uñas (dáctilos) vueltos hacia atrás y cerrando sobre el segmento anterior.

Recursos adicionales

Materias: Zoología
Palabras clave: Pulga de mar - Área de Zoología MNHN - nuevas especies - Descubrimiento - Jorge Pérez - Nota - Zoología de invertebrados
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